En América del Sur, la expansión veloz de la agricultura y el crecimiento de las ciudades requieren de acciones urgentes para cuidar la naturaleza. Si bien el 7,1% de su superficie está preservado dentro de áreas protegidas (AP), poco se sabía acerca de cuánto protege cada país y qué ecosistemas están incluidos en las AP y cuáles no. En este sentido, un estudio publicado en la revista PeerJ, realizado por el Conicet, la Universidad de San Luis y la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), reveló que la proporción de áreas protegidas varía notablemente entre los países sudamericanos. Argentina está entre las tres naciones que menos naturaleza conserva, a pesar de los compromisos asumidos en 2010, cuando 194 países, incluido el nuestro, firmaron el Convenio Sobre la Diversidad Biológica en Aichi (Japón) que los comprometía a incluir al menos un 17% de áreas terrestres y un 10% de áreas oceánicas dentro de redes de AP para 2020.

“En el ránking de países que elaboramos, Argentina, con un 2,3% de su territorio dentro de áreas protegidas, está -de abajo hacia arriba- en la tercera posición, sólo por encima de Guyana y Uruguay. Los primeros son Chile, con un 18,3%; Venezuela, con un 15,2%; Colombia, con un 11,8%; y Brasil, con un 5,6%”, afirma Germán Baldi, docente de la Especialización en Teledetección y GIS en la Escuela para Graduados de la FAUBA, y coautor del trabajo. Aun si se incluyeran aquellas AP en las que se permiten algún uso económico como la ganadería, Argentina pasaría a tener un 8,8% de su territorio conservado, y pasaría a ocupar el penúltimo puesto, arriba de Uruguay.

Según advierte Baldi, “nuestro país también está muy debajo en el ránking de la equitatividad (la distribución de las AP a lo largo de las distintas ecorregiones). Protegemos bien la Patagonia andina y las selvas de Salta, Jujuy y Tucumán, pero muy poco los pastizales pampeanos y los bosques secos del centro-oeste del país”.

Como parte de su estudio, Baldi también intentó comprender cuáles eran las motivaciones que impulsan a cada nación a tener áreas protegidas. En el caso de Argentina, las dos causas más importantes para establecer una AP son la densidad poblacional (donde hay población no hay áreas protegidas) y la distancia a las fronteras. Nuestro país tiene casi todas sus áreas protegidas en áreas de frontera, lo cual habla más de intereses geopolíticos estratégicos, como marcar límites o estar presentes en esos territorios, que van más allá que cuidar la biodiversidad. “ Creemos que este balance entre las regiones ecológicas protegidas y no protegidas -concluye Baldi- sólo va a resultar favorecido si marcha de la mano de intereses económicos basados en la provisión de bienes y servicios, incluyendo el turismo. Nuestro desafío, ahora, es analizar esto a escala global”.
Crédito: Pablo A. Roset
Fuente: Sobre La Tierra, el Servicio de Divulgación Científica de la Facultad de Agronomía de la UBA (SLT-FAUBA)