Bajo el lema «Tiempo de actuar» comenzó hoy en Madrid la 25 Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP25) que tiene entre sus principales objetivos definir las reglas de los mercados de carbono, comprometerse con reducciones de emisiones más ambiciosas y movilizar fondos para acelerar la acción climática.
Con 29.000 asistentes de 196 delegaciones, entre ellas medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno, incluido el nuestro, la COP25 probablemente será más mediática que las anteriores, no sólo por las contingencias en los cambios de sede a última hora (estaba prevista realizarse en Santiago de Chile), sino porque, gracias a las protestas contra el cambio climático, los jóvenes, y en especial la estudiante sueca Greta Thunberg, han convertido en tendencia social el calentamiento global, despertando en la sociedad la preocupación sobre qué están haciendo sus gobiernos por afrontar el problema.
En esta toma de conciencia social mucho ha contribuido la comunidad científica, que tendrá un papel central: según un informe de la ONU, la presente década -la que comenzó en 2010 y culminará en 2019- está llamada a ser la más cálida jamás registrada, lo que constata cómo las consecuencias del cambio climático continúan acelerándose. Cabe agregar, que el último informe presentado por el IPCC (el panel de investigadores de la ONU que analiza los impactos de cambio climático), da cuenta de que la diferencia entre que la temperatura del planeta ascienda 2 °C o 1,5 °C es la propia vida.
Por eso, en la COP25 todo confluye en una misma dirección, la urgencia de reducir las emisiones: por un lado, apremia que los gobiernos trabajen para alcanzar los retos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, sobre todo el ODS 13 de Acción por el clima, un objetivo supeditado a las negociaciones de las COP y que busca movilizar US$ 100.000 millones anualmente hasta 2020 con el fin de abordar las necesidades de los países en desarrollo en cuanto a adaptación al cambio climático e inversión en el desarrollo bajo en carbono; y por otro, la legislación debe incentivar que la inversión sea canalizada hacia modelos más sostenibles, en línea con los trabajos que está realizando la Unión Europea a través de la nueva taxonomía en la que las empresas ya no sean catalogadas tanto por su actividad como por su impacto medioambiental.
Otra de las cuestiones que seguramente se abordará será cómo afrontar las consecuencias directas que provocan los desastres naturales, ya que entre las formas de financiamiento climático no existe ninguna que aborde el tema de pérdidas y daños. Es previsible, también, que la COP25 otorgue un protagonismo especial a la protección y conservación de bosques, océanos y polos, en un contexto en el que la Amazonia y otros bosques tropicales están sometidos a una grave amenaza. El IPCC publicó recientemente un informe en el que alerta del aumento acelerado del nivel del mar que afectará a 680 millones de personas en el mundo.
La conferencia se desarrollará en Madrid hasta el 13 de diciembre. Y se espera que los países logren acordar un serio compromiso para reducir aún más las emisiones, ya que aun cuando los Estados respeten sus convenios actuales de reducción de emisiones, el alza podría superar 3ºC.
Fuente: sostenibilidad.com
Fotos: EFE, Goran Horvat y Enrique López Garre / Pixabay