“Pinto flores para que así no mueran”, Frida Kahlo (1907- 1954)

Un día como hoy, hace 112 años, nacía la pintora mexicana Frida Kahlo, de quien además, el próximo 13 de julio, se conmemoran los 65 años de su muerte. Reconocida en todo el mundo como una de las mujeres más influyentes en la historia del arte latinoamericano, Frida consideraba que la naturaleza era la máxima expresión de la sabiduría y el amor. Sus obras y la Casa Azul (su casa familiar de Coyoacán, México, convertida hoy en museo) son muestra de su pasión por la vida natural.


La casa en la que Frida nació y vivió junto a su marido, el muralista mexicano Diego Rivera, y donde transcurrieron también sus últimos días, fue construida en 1904 por el padre de Frida, Guillermo Kahlo. Según relata la historiadora Beatriz Scharrer, esta fue erigida “a usanza de la época: un patio central con los cuartos rodeándolo, el exterior era totalmente afrancesado. Fueron Diego y Frida quienes, más tarde, le dieron un estilo muy particular y, al mismo tiempo, le imprimieron -con colores y decoración popular- su admiración por los pueblos de México”.


En efecto, la propiedad sufrió una serie de modificaciones acordes a los gustos de la pareja. El terreno que en la actualidad ocupa el jardín fue adquirdido recién en 1937 y las plantas que allí había fueron reemplazadas por variedades tropicales y desérticas de México, incluidos los cactus, la yuca y la azucena. “Un alegre oasis doméstico de animales, plantas, personas, muebles y estudios de arte”, según la descripción de la artista.


La pasión de Frida también se manifestaba en sus mascotas, tenía dos monos, Fulang Chang y Camito de Guayabal, un venado llamado Granizo y un perro sin pelo mexicano -señor Xólotl-, entre otros perros xoloitzcuintle; todos convivían libremente en el jardín. “Los animales llegaron a cubrir una necesidad de amor materno, pero por otra parte, la naturaleza ha sido muy importante para ella; le sirvió en gran medida para representarla en sus obras”, señala Josefina García, curadora del museo Dolores Olmedo de México.


Además de sus pinturas, existen infinidad de fotografías que muestran a esta artista mexicana rodeada de un escenario natural. Llena de colores fuertes y con su icónica corona de flores en el cabello con la que se mimetizaba entre la vegetación que tanto amaba, está la serie lograda por el fotógrafo estadounidense de origen húngaro Nickolas Muray, quien fuera uno de sus amantes. Otra serie maravillosa es la pudo obtener la fotógrafa francesa nacida en Alemania, Gisèle Freund, quién en 1950 aceptó la invitación de Frida y Diego para viajar a México y ser testigo de su intimidad. El fotógrafo mexicano Leo Matiz, amigo de Frida y Diego, también fue un espectador privilegiado que accedió al espacio íntimo de la pareja y registró con su mirada un relato pormenorizada de la vida cotidiana de la artista. A ellos pertenecen las imágenes aquí publicadas.
Hoy, 65 años después, la casa y los jardines de Kahlo permanecen abiertos como museo y es uno de los sitios turísticos y culturales más representativos de la zona.