Cuando hablamos de loros, nos imaginamos sitios tropicales. Sin embargo, existe una especie que vive en climas menos cálidos: los loros barranqueros, llamados así porque cavan sus nidos en barrancas o acantilados. En nuestro país, en la localidad de El Cóndor (Río Negro), en plena Patagonia costera, está la colonia de loros más grande del mundo hasta hoy conocida: 37.000 nidos que se extienden a lo largo de más de 12 kilómetros frente al océano Atlántico. Argentino, también, es el máximo especialista mundial en loros, Juan Masello, quien nos brinda detalles y los últimos avances sobre esta especie.

-¿Qué descubrimientos destacados hicieron sobre los loros barranqueros luego de 20 años de estudio en la Patagonia?

El primero fue demostrar genéticamente que se trataba de una especie monógama. Se sabía que formaban parejas que duraban muchos años, pero podría ser una monogamia social, donde las parejas son estables, pero con cópulas fuera de la misma. Bueno, no es el caso. Las parejas son extremadamente fieles. También fue sorprendente descubrir como el éxito reproductivo de esta especie se ve afectado por el fenómeno de El Niño/La Niña. Particularmente durante La Niña, los loros barranqueros sufren mucho, ya que las sequías en la Patagonia nordeste provocan falta de alimento para los pichones.

– También descubrieron que los loros barranqueros no tienen parásitos sanguíneos.

Al contrario de otras aves, no tienen ni uno. Esto se debe a que consumen muchos alimentos del monte, el ambiente natural de esta especie, que contienen metabolitos secundarios con propiedades antiparasitarias. Pero, como cada día hay más desmonte, estas medicinas naturales podrían perderse para siempre. Otro hallazgo reciente al analizar el ADN es que las poblaciones originarias de los loros barranqueros están en Chile. Los loros cruzaron la cordillera, a la altura de Mendoza, hace unos 120.000 años, durante una época de retroceso de los glaciares. De esa forma llegaron a la Argentina y comenzaron a colonizarla en dos direcciones, hacia el noroeste, en la región cuyano-andina, y hacia el sur llegando hasta la Patagonia.

– ¿Cuáles son las principales amenazas a los que están expuestos?

La principal amenaza para los loros barranqueros, y para la mayoría de los loros de este planeta, es la captura para su venta como mascotas. Esta práctica ha puesto en peligro al 38% de las especies de loros neotropicales (una región zoogeográfica que va desde Tierra del Fuego hasta México). Además, las actividades agrícolas a gran escala también están amenazando a la mayoría de las poblaciones de loros. 

– En regiones donde el monte fue arrasado, algunos loros barranqueros se alimentan de los cultivos humanos y por eso se los considera plagas. Sin embargo, la mayoría de los loros recorren diariamente 60 km en busca de brotes, frutos y semillas del monte.

En un estudio publicado en 2016 demostramos que en el nordeste de la Patagonia los loros barranqueros pueden afectar entre el 0,1% y el 0,4% de la cosecha de girasol, no habiéndose detectado ningún daño en cultivos más importante en la región, como el trigo. Estos bajos niveles de daño sorprenden si se tiene en cuenta que se trata de la región con la mayor cantidad de reclamos respecto a daños supuestamente causados por los loros barranqueros. En un estudio previo ya habíamos demostrado que cultivos como maíz, avena, girasol, mijo, almendro y manzano son afectados por los loros durante los meses de diciembre a marzo, pero el daño declarado por los productores locales es inferior al esperado. Los loros prefieren los alimentos que les provee el monte, ya que allí encuentran los nutrientes que les permiten reproducirse y alimentar adecuadamente a sus pichones. Así recorren entre 60 y 240 kilómetros por día. Suelo usar un ejemplo para mostrar de forma sencilla lo que está sucediendo: uno puede en casos de necesidad y emergencia sobrevivir comiendo galletitas, pero eso no quiere decir que uno vaya a vivir de forma saludable por mucho tiempo. Los cereales son para los loros lo que para nosotros las galletitas, algo así como comida chatarra.

– Hoy sabemos que la colonia de El Cóndor es la más grande del mundo. ¿Por qué aún no se la protege?  

Entre 2004 y 2015 se presentaron cuatro proyectos de ley a la legislatura de la provincia de Rio Negro buscando dar un grado de protección a esa colonia. Pero lamentablemente ninguno de los proyectos logró la aprobación unánime y definitiva de la legislatura, ya sea por la oposición de algunos legisladores o por parte del Municipio de Viedma. Se han esgrimido problemas de jurisdicción entre la provincia y el municipio, así como también la falta de fondos para la creación de un Área Natural Protegida.

 – Si los loros se extinguieran ¿qué otras especies del monte desaparecerían con ellos?  

Hay varias especies de aves que se verían afectadas. Son aves que utilizan los nidos que los loros barranqueros excavan para hacer sus propios nidos. Por ejemplo, el jote cabeza colorada (Cathartes aura), el águila mora (Geranoaetus melanoleucus), el chimango (Milvago chimango), el halconcito colorado (Falco sparverius), el halcón peregrino (Falco peregrinus), la lechuza de campanario (Tyto alba), el carpintero campestre (Colaptes campestris) y la golondrina negra (Progne elegans).

– ¿Por qué estudia a esta especie y qué importancia han tenido estos loros en su vida?

Estábamos con Petra (su señora) buscando una colonia de aves marinas donde conducir una investigación sobre nidificación de aves en colonias y, gracias a un amigo y a un guardafauna de Río Negro llegamos a El Cóndor, donde vimos ese impresionante acantilado lleno de agujeros, los nidos de los loros. Las aves no estaban, era otoño, y habían migrado hacia el norte. Nos pareció muy interesante ver tantos nidos y decidimos comenzar a investigar. Con el tiempo conocimos más y más a los loros y nos fueron fascinando tanto por su belleza como por su comportamiento e inteligencia. Luego nos dimos cuenta cuantos problemas tienen para su conservación y eso nos motivó a realizar acciones para protegerlos. Empezamos así, hace 21 años, a escribir artículos científicos, de divulgación, proyectos de ley, planes de manejo, capítulos en libros, a dar charlas y entrevistas. Coordinamos una campaña educativa, con 11.000 chicos en la Patagonia y sus docentes, y creamos un grupo internacional de investigadores, que cuenta actualmente con más de 230 miembros, que trabaja incesantemente para investigar y conservar a los loros en todos los continentes. Toda una revolución en nuestra propia vida.

Alejandro Balbiano

Fotos: Juan Masello / Alejandro Balbiano

Los más amenazados

Una especie amenazada es aquella susceptible de extinguirse en un futuro próximo. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) las clasifica en tres categorías diferentes en su Lista Roja: vulnerables, en peligro de extinción y en peligro crítico de extinción. De las 26 especies de loros que viven en la Argentina, cinco se encuentran en situación vulnerable: loro alisero (Amazona tucumana), loro hablador (Amazona aestiva), loro barranquero (Cyanoliseus patagonus), calancate frente dorada (Eupsittula aurea) y ñanday (Aratinga nenday). Hay cinco especies en peligro de extinción: loro vinoso (Amazona vinacea), guacamayo verde (Ara militaris), charao (Amazona pretrei), catita chirirí (Brotogeris chiriri) y maracaná lomo rojo (Primolius maracaná). Pero los que se encuentran en peor situación son el guacamayo rojo (Ara chloropterus) y el guacamayo azul (Anodorhynchus glaucus), ubicados ambos en la categoría en peligro crítico. Incluso en la última categorización a nivel nacional, todos los expertos coinciden en que el guacamayo azul ya está extinto.

Mini Bio

Juan Masello nació en Sarandí, Buenos Aires, en 1969. Es Licenciado en Ciencias Biológicas de la UBA y se doctoró en Ciencias Naturales en la Freie Univeristät Berlin, Alemania. Actualmente es investigador en la Justus-Liebig Universität Giessen, Alemania, país donde hoy reside. Desde 1998 coordina el Proyecto de Investigación y Conservación Loro Barranquero, junto a su esposa, la bióloga alemana Petra Quillfeldt, a quien conoció en la Antártida, en la actual Base Carlini (ex Jubany) y donde funciona un laboratorio de investigación conjunta entre Argentina y Alemania. Desde 2010, Masello preside el grupo de trabajo sobre psittaciformes de la Unión Internacional de Ornitología, y desde 2014 es miembro de la Unión Internacional de Ornitólogos. “No necesito de ‘razones utilitarias’ para motivarme a proteger la existencia de un ser vivo. Cada especie es una maravilla en sí. ‘Polvo de estrellas hecho vida’, en palabras de Carl Sagan. Además, una de las cosas que me motiva en la vida es el disfrutar de la belleza en sus múltiples formas. Y los loros son una explosión de color, inteligencia y sonido. Sólo por esto vale la pena protegerlos” concluye.