Ranas piratas, penes dobles o “piratería de puestas” son algunas de las peculiaridades de la vida sexual de anfibios y reptiles, unos animales poco amorosos que no forman parejas estables y que suplen su falta de romanticismo con una mayor posibilidad de tener éxito reproductivo. “La herpetofauna (la rama de la zoología que se encarga del estudio de esas especies) no es tan amorosa como otros grupos”, señala a Efeverde el biólogo español David Vieites, director del Departamento de Biogeografía y Cambio Global del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España. Experto en reptiles y anfibios, Vieites repasa en esta nota algunas curiosidades del mundo sexual de estos escurridizos animales.

Piedra, papel o tijera
Hay reptiles para los que el sexo es “un tema de piedra, papel o tijera”, explica Vieites. Ese es el caso de algunas especies de lagartijas cuyos machos exhiben un rango de colores determinado: naranjas, amarillos o rojos. Esos colores anuncian a sus potenciales compañeras qué tipo de estrategia reproductiva llevarán a cabo, ya que el tono de sus escamas, “como en el juego de piedra, papel o tijera”, implica ciertas cualidades genéticas que tienen sus ventajas y desventajas a la hora de resultar elegidos.

Hemipenes
Una curiosidad de los reptiles es que no tienen un pene como suele ser habitual en casi todos los machos de otros grupos, sino que tienen dos hemipenes, una estructura con forma de saco doble que introducen en la hembra cuando llega el momento de la cópula. Estos sacos, además, están cubiertos de unas espinas o ganchos que ayudan al macho a sujetarla.

Espermatecas
Algunas hembras de reptiles tienen una cavidad o saco en su sistema reproductor que se conoce como espermateca y que les permite almacenar esperma de varios machos y usarlo “según lo necesiten”. Todavía no se sabe con certeza cómo funciona exactamente el proceso, pero lo que está claro es que esa capacidad de almacenamiento permite a las hembras ser independientes de ellos.

Partenogénesis
Cuando la proporción de machos es muy baja o cuando directamente no hay, las hembras de algunos reptiles y anfibios son capaces de engendrar descendencia “a partir de su propio ADN”, es decir, no necesitan el cromosoma extra del macho para fertilizarse. Este proceso reproductivo se conoce como partenogénesis.


El cambio climático y el sexo de las tortugas
El cambio climático también afecta a la reproducción de algunas especies, sobre todo a las tortugas marinas, unos reptiles que se reproducen en el mar pero que entierran los huevos ya fertilizados en la arena de la playa. Según la temperatura a la que se encuentre la arena, “en el interior del huevo se desarrollará una hembra o un macho (…). El calentamiento de los océanos hará que la proporción de hembras aumente y esto podría generar un desequilibrio peligroso para la especie”, advierte Vieites.

El sapo partero
En el mundo de los anfibios, los machos y las hembras suelen reunirse en el mismo sitio para reproducirse: “la hembra hará una puesta y el macho liberará su esperma encima. Sin embargo, en el caso del sapo partero, el procedimiento es algo distinto: el macho se lleva los huevos fertilizados enrollados a sus patas traseras y portará a su prole hasta que este lista para eclosionar.


Ranas piratas
Otro comportamiento único es el de las ranas pardas de los Pirineos, cuyos machos han agudizado el ingenio dado el bajo número de hembras. Ponen en marcha entonces una estrategia conocida como “piratería de puesta”, un método consistente en el robo de huevos ya fecundados para liberar su propio esperma encima. Así, los machos ya no compiten por la hembras, si no por las puestas de otras parejas.

Fuente: EFEverde
Fotos: EFEverde y Banchong Lekcharoenkun, Eduardo Taboada y Alexas / Pixabay