Cerca de Nagano (Japón), en el valle de Jigokudani, llamado también el valle del Infierno, un grupo de monos disfruta del calor de las aguas termales. Es una costumbre que adquirieron a lo largo de cientos de años para combatir el frío extremo que impera en gran parte del archipiélago durante el invierno y que muchas veces ronda los 15 grados bajo cero. Los macacos japoneses (Macaca fuscata), de ellos se trata, son los únicos monos nativos de Japón y la especie de primate, a excepción del hombre, que vive más al norte en nuestro planeta. Conocidos también como “monos de la nieve” o “monos de cara roja”, estos poseen un pelaje muy denso y lanoso que cubre casi todo su cuerpo, con excepción de su cara, cola, palmas de manos y pies, donde se concentra un gran número de vasos sanguíneos que son los que les ayudan a mantener su calor corporal y les da el color rojo característico.


Inteligentes y muy sociables, los macacos suelen establecer entre sí relaciones caracterizadas por fuertes vínculos sociales y afectivos, por lo general duraderos. Es un animal omnívoro, por lo tanto se alimenta de insectos y animales pequeños, frutos, hojas, bayas, raíces, flores, corteza de árboles. También de batatas, a las que lavan con cierta dedicación. Esta conducta, registrada por primera vez en la isla de Koshima, fue descripta por los investigadores de la Universidad de Kyoto como un comportamiento y una tradición de tipo cultural. Por otra parte, otro estudio elaborado por el Instituto de Investigación de Primates de Kioto, publicado en la revista especializada Primates, señala que las aguas termales no solo son un espacio donde sociabilizan y les brinda calor, sino que los ayuda a mejorar su estado de ánimo y a liberar estrés. Según el informe, estos animales tienen un nivel más bajo de hormonas del estrés que sus congéneres que evitan esta práctica.