La “pesca fantasma”, compuesta por todas aquellas redes y aparatos de pesca que son abandonados o perdidos en el mar, es aquella que sin el control humano, sigue cumpliendo la función para la que está diseñada: atrapar animales. Es una pesca que no tiene provecho alguno, descontrolada, que produce un fuerte impacto medioambiental.
Se estima que entre 600.000 y 800.000 toneladas de equipo fantasma ingresan al océano cada año y que, en el mismo tiempo, más de 100.000 ballenas, delfines, focas y tortugas quedan atrapadas en esas redes, líneas o trampas de pesca abandonadas o perdidas. Fabricados en plástico, estos equipos fantasmas pueden tardar hasta 600 años en descomponerse y desaparecer. Algunas redes pueden alcanzar tamaños cercanos a un campo de fútbol, flotando a la deriva durante años y ocasionando graves perjuicios a la biodiversidad marina.
Las aves marinas, por ejemplo, hacen nidos con pequeños trozos de redes, por lo que pueden enredarse en ellas, impidiendo tanto que vuelen como que aniden o buceen. Las focas más jóvenes, movidas por la curiosidad, pueden sufrir cortes o ingestas si se encuentran con trozos pequeños con los que juegan o quedar atrapadas sin posibilidad de movimiento en su cuello o en sus aletas. Lo mismo les sucede a ballenas, delfines o marsopas, así como otros peces de tamaño mediano, y a la tortuga laúd expuestos diariamente a ese peligro.
En el caso de las colonias de corales de aguas frías, el impacto es también considerable: las corrientes marinas producen movimientos de agua que hacen que estas redes se enganchen en sus ramas y las terminen rompiendo. Como consecuencia de esto, muchas colonias que aglutinaban a su alrededor una gran variedad de biodiversidad marina, se han reducido.
Para mitigar o terminar con la “pesca fantasma”, existen diveras asociaciones e iniciativas; sin embargo, la solución a corto o a medio plazo no es sencilla debido a la gran cantidad de redes, entre otros materiales de pesca, que han sido abandonados. Si a esto se suma el grave problema de los plásticos vertidos en las aguas, el panorama general es preocupante en cuanto a la biodiversidad marina. No obstante, una mayor concienciación tanto de los ciudadanos como de las empresas pesqueras, muchas de las cuales ya han tomado medidas para que no se produzcan abandonos, podría, por lo menos, evitar que su presencia aumente.
Fuente: Fundación Aquae