Finalmente se abrió la compuerta y Karut , Suyan, Amancay, Takiyiwe, Paqarina y Ñorquinquera volaron por primera vez sobre la Costa Atlántica, en lo que fue la mayor liberación de cóndores hecha hasta el momento. La escena, ya de por si emotiva, tuvo como escenario la localidad rionegrina de Sierra Paileman y se realizó en el marco del Programa Conservación Cóndor Andino, una iniciativa de la que forman parte diversas organizaciones, como la Fundación Bioandina argentina, el Bioparque Temaikèn, el Ecoparque de Buenos Aires y la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.
Los animales fueron liberados en bandada, en grupos socializados para reforzar su contacto y unión, luego de meses de convivencia en un ambiente de adaptación. Y a partir de ahora serán monitoreados durante varios meses, hasta que logren su independencia total en vida silvestre.
Los pichones nacidos en el marco de este proyecto son criados en aislamiento humano, en nurseries especiales, con la asistencia de títeres de látex que representan a sus padres para evitar el contacto con los humanos, ya que las aves lo primero que ven al nacer lo reconocen como a sus padres o individuos de su misma especie. A los dos meses, los pichones son llevados a áreas de maduración donde pueden socializar con cóndores adultos y una vez que completan su plumaje juvenil (alrededor de los seis meses de edad), están listos para ser incluidos en programas de liberación.
Asimismo, el Centro de Rescate del Cóndor Andino trabaja en el rescate y la rehabilitación de aquellas aves que llegan allí desde diferentes lugares del país, heridos por trampas o víctimas del tráfico ilegal. En el caso de nuestros seis protagonistas, estos tienen diferentes historias. Karut (Trueno) nació en el Ecoparque de la Ciudad de Buenos Aires, fue incubado artificialmente y criado con asistencia de títeres de látex. Suyan (Esperanza) nació en el Parque Faunístico y Ecológico Yastay de La Rioja; Amancay (Flor) lo hizo en el Bioparque Temaikén; Takiyiwe (Libertad) en el Parque Faunístico San Juan; mientras que Paqarina (Generadora de Vida) y Ñorquinquera (Sonido de Agua) fueron rescatadas en Río Negro y rehabilitadas en el Ecoparque porteño.
El cóndor andino (Vultur gryphus) es un animal carroñero, es decir que se alimenta de animales muertos. De esta forma, evita la acumulación de cadáveres, previniendo la formación de focos de infección y cumpliendo un invalorable rol como basurero natural, en el mantenimiento del equilibrio en el ecosistema andino. Asimismo, gracias a su poderoso pico, juega un papel fundamental en la cadena alimenticia, dado que es el encargado de abrir los cueros de grandes animales muertos, permitiendo de esta manera que otros carroñeros menores puedan acceder al recurso alimenticio.
Las causas que hacen a la retracción de esta especie seriamente amenazada están ligadas a la actividad humana. La errónea creencia de que el cóndor mata el ganado para comer, cuando en realidad es carroñero, ha hecho que se lo considere una plaga y que se lo mate injustificadamente. Además, las muertes por consumo de cebos tóxicos, la disminución de alimento en algunas áreas, la expansión de las ciudades, la alteración de su medio y principalmente la desinformación que existe sobre esta especie han llevado al Cóndor Andino a su situación actual.
Crédito fotos: Temaikèn